El problema de escribir sin gravedad

Los lápices se utilizaron en las primeras misiones espaciales, pero presentaban ciertos riesgos. Una punta rota o pequeñas partículas podían quedar flotando y alcanzar los ojos de los astronautas o los sensibles equipos electrónicos de la nave.

Los bolígrafos convencionales tampoco eran la solución ideal, ya que necesitaban la gravedad para mantener la tinta en contacto con la punta.

Una innovación de Paul Fisher

Paul Fisher ya trabajaba en un cartucho hermético en el que nitrógeno presurizado empujaba la tinta hacia la bola del bolígrafo.

Para impedir que la presión provocara fugas, desarrolló una tinta tixotrópica: permanece casi sólida en reposo y se vuelve fluida por la fricción generada al escribir.

Fisher envió varios prototipos a la NASA. La agencia comprobó que podían escribir en diferentes posiciones, soportar temperaturas extremas y funcionar en ambientes que iban desde el oxígeno puro hasta el vacío.

Del laboratorio a las misiones espaciales

El modelo AG7 realizó su primer viaje espacial en 1968, durante la misión Apolo 7. Según la NASA, los bolígrafos espaciales se han utilizado en todas sus misiones tripuladas desde entonces.

¿Sabías que…?

La NASA no gastó millones en inventar el bolígrafo espacial. Paul Fisher ya desarrollaba el sistema presurizado y la agencia contribuyó a perfeccionarlo mediante sus pruebas.

Fuente consultada: NASA — Space Pens, Pencils, and How NASA Takes Notes in Space

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